Mujer, nimbo y huella alean tu belleza;
Raíces ígneas nutren ya tus tierras,
sin más acción,
que de una gota de tu esencia.
De tus labios, brota un poema;
Porque tus caminos son golondrinas,
venas abiertas; en las moribundas sombras
de la carne impropia
del veneno que ahoga
del aliento que se desmorona a tu brisa loca.
Versos feroces transfiguran,
sobre tu pecho reposan;
Y afloran, cual si fueran rosas,
manantiales audibles,
madejas del azar.
Atusa, y sin pestañear;
desnuda,
músculos claveles
en los gestos que nacen,
con la dádiva dulce,
desde el regazo.
Mujer, saberte ardiente y belio en la memoria
Y que entre células desiertas creces hambrienta
¡Oh! de azules firmamentos
que mitigan en sonrisa.
Obtusa en la sombra cobra vida,
y crispan de rebeldía
¡Oh los nervios de tu sombra!
Que al contemplarla, el hombre, de-flexiona,
enmudece su vista
¡y traen a su aroma la fuerte brisa marina!
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